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El cuerpo
humano ha sido estudiado al milímetro, incluso el último refugio de su
misterio, el cerebro, está siendo cartografiado tan insaciablemente como
el planeta. En un espacio totalmente conquistado para la certeza somática
y urbanística, no hay literalmente lugar
alguno para albergar las almas. Las almas han viajado bajo tierra, ocupando
el subterráneo metropolitano, un piso por debajo de la realidad. Los habitantes
del túnel son los elementos suprimidos del consciente colectivo.
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